Un otoño en Kioto: quietud, color, rito.
Japón se recorre con los ojos bajos y el oído atento. En este cuaderno no busco la postal: busco el gesto. Unos pares de geta alineados frente a un tatami. La hakama roja de una niña que cruza sola la explanada del Meiji Jingu. Una cocinera soldando carne con un soplete en un callejón del mercado. Un vagón del metro convertido, por un instante, en bodegón.
El otoño de Kioto pone color al silencio: los momiji arden en rojo sobre las pagodas y los barcos lentos del Hozu-gawa flotan como si el tiempo allí tuviera otra velocidad. La serie alterna la escala arquitectónica — templos, estaciones, murales — con un registro más íntimo, casi doméstico, donde importa más la tela, la madera, la piel de la luz.